Las cualidades del buen abogado, según Gabino Fraga

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Más allá de la educación que se pueda recibir en la Universidad, todo buen abogado debe tener una serie de cualidades que lo ayuden a desenvolverse de manera ética en cualquier trabajo que realice.

Vayamos por el principio

Está claro que uno de los principales estigmas que persiguen a los juristas es la “falta de honestidad”. Y no es que todos sean deshonestos, sino que la fama que hoy los rodea no es la mejor. Ante esto, cualquier persona que se precie de ser abogado debe tener dos cualidades esenciales: honestidad y lealtad. Primero, hacia las leyes mismas, después hacia sus defendidos.

Virtud

Según Aristóteles las virtudes se dividen en dos categorías: intelectuales y morales. Las primeras, a decir del filósofo griego, se adquieren con la enseñanza, la experiencia y el tiempo. Las segundas son un resultado del hábito. Así, un abogado virtuoso no nace, sino se va formando con el cúmulo de experiencias que vive desde la Universidad, hasta que adquiere una buena madurez en el campo laboral.

Prudencia

Todo buen abogado deberá buscar los medios buenos, luego los juzgará y luego los aplicarán. Esto, sin duda, es una premisa que nos permite entender las fases por las que atraviesa el pensamiento jurídico antes de convertirse en un argumento. Así, puede tenerse la certeza de que la realidad va más allá de lo que se ve a simple vista.

Honestidad, sí, honestidad

Aunque suene a cliché, ésta debe ser la principal virtud de cualquier abogado. ¿La razón? Sin la honestidad, todo lo que se haga derivará de una interpretación que no cabe en un juicio de valor que busca el bien común.

Así, el jurista entenderá que su papel va más allá de la argumentación y la percepción. Que su función es encontrar el justo medio, siempre poniendo la justicia por delante.

 

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